¿Sabías que existen más de cincuenta versiones de La Cenicienta en la tradición europea? Cinderella, o cenicienta, en efecto es un tópico eterno, en el que aprendemos que el amor solo surge de nuestro propio reconocimiento.

La versión más conocida, indica que Cenicienta pasó una vida de penurias a mano de sus hermanastras y madrastra, y que un príncipe y un hada madrina lograron sacarla de su situación. Disney lo lleva más allá: la belleza y gracia de Cenicienta la salvaron, se supone que lo bello está relacionado con lo sabio y bondadoso, frutos que se verán después del cartelito de The End.

Pero en versiones antiguas, especialmente la de Basile, Cenicienta debe hacer un trabajo interior de perdón y conocimiento propio: cultivar un árbol –mágico, por supuesto- con elementos de oro, que su padre le trae de un viaje exótico. Para ese viaje, sus hijastras habían pedido vestidos y frivolidades, mientras la hija solo pidió una bendición de las hadas.

Simbólicamente, el cuidado de la naturaleza tiene que ver con el autocuidado de la mujer, el cual debe hacerse constantemente, no importa las condiciones exteriores. En otra versión, Cenicienta siembra el árbol sobre la tumba de su madre y lo riega con lágrimas, símbolo del pasado y del dolor que hace crecer (algo que tímidamente muestra la última versión cinematográfica).

Así, al florecer el árbol, sale el hada madrina que todos conocemos, que la consuela y le concede su único deseo: escapar del maltrato. Pero el camino que toma el hada es enrevesado, le da vestidos y carruaje por tres noches para asistir a una fiesta real, en la que además se encontraban sus hermanastras… el resto, ya lo conocemos.

Esta versión del cuento nos enseña no que el amor de un príncipe o rey externo a nosotras, nos salva, sino que la autoestima y el trabajo interno nos prepara para encontrar la armonía.

Esto me hace pensar en el símbolo del amor: el corazón, el centro energético del amor y la maternidad. Para amar y crecer, debemos tener atributos maternales, empezando por acunarnos a nosotras mismas. El zapato nos indica la necesidad de mantenernos en tierra, drenando y movilizándonos siempre, pero aceptando ayuda y reconocimiento.

Es decir, perdonándonos, aún cuando todo el mundo nos diga lo contrario.

Este y todos los años, sé tu propio Valentín, no esperes por el exterior.

Por Holanda Castro

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