por Holanda Castro

La doncella sin manos es un cuento extenso y apasionante. Narra las vicisitudes de una doncella que debe hacerse mujer a través de circunstancias adversas, como la mutilación (en las primeras versiones se trataba de una violación o incesto, algo abominable e intemporal, tan común en nuestros días), la pérdida de rumbo, y que gracias a su periplo encuentra confort en la espiritualidad y la pareja sagrada.

Entonces, es un cuento sobre la resiliencia, esa palabra tan presente por estos días y que llama a recuperarse y hacernos productivos (en el buen sentido, no solamente el comercial) después de los fracasos.

Dentro de todos estos temas, nos enfocaremos en los tipos de padres y madres que aparecen y se oponen. No se trata de hacer la reducción a padres/madres buenos vs figuras débiles, la invitación es a ver que cada comportamiento puede corresponder a un nivel de conciencia en el que estamos hoy y que mañana puede ser otro. Al igual que la doncella, depende de nuestra capacidad de mirarnos a nosotras mismas y avanzar en pos de nuestro florecimiento y recuperación de dolores pasados, buena parte proveniente de los estilos de crianza de los que venimos.

Ese es el truco de los cuentos de hadas: no se trata de personajes planos, se trata de roles que nuestra conciencia juega (con mucha seriedad).

El padre de la doncella se rinde ante un momento en su vida, de gran dificultad y apremio, sin dar paso a la perspectiva amplia de un futuro basado en el esfuerzo sólido y la fe. “Vende” a su hija a un extraño, ignorándolo, ciertamente. Sin embargo, ¿cuántas veces no tomamos decisiones a la ligera o desesperados y las consecuencias se develan como bolas de nieve ultradestructivas?

La madre es callada, intuitiva pero inerme, no hace caso a su propia voz interior para impedir la catástrofe, de hecho, no aparece en el resto del cuento, a pesar de haber develado la importante identidad del demonio que desata la desgracia de la hija. ¿Cuánto tiempo nos lleva re-aprender a escuchar nuestra intuición y hacerla valer?

El Rey, importante por su rol, siempre, antes de ser padre es un hombre sensato, justo y que cuida lo que tiene, como cada pera de su jardín. Posee fe y certeza. Esta imagen nos lleva a buscar ser justas y bondadosas, sabiendo la gran responsabilidad que es tener a personas a nuestro cargo y que confían plenamente en nuestra capacidad y potencial.

La reina madre se presenta como la conciencia plena, incluso la ética en su máxima expresión, no duda de su hijo, al que conoce bien y ama, mantiene relaciones sanas y salva a su nuera, porque ninguna autoridad está por encima de lo que es correcto.

Y por último, la doncella…

Nuestra maravillosa heroína atraviesa la maternidad como un portal* de crecimiento que la hace volverse otra y crecer. En ciertas versiones, las manos surgen cuando su bebé cae al agua helada y ella no tiene otra opción que salvarlo por sí misma, sola como estaba en el bosque. A veces nuestras verdaderas herramientas de vida surgen cuando menos lo creemos y cuando estamos en presencia de lo que “verdaderamente importa”.

Ella hace su segundo exilio con la sabiduría del primero y en compañía de un tesoro que le hace tener la fe y la disposición nuevas para enfrentar la vida y la adversidad. Eso significan los hijos para muchas mujeres que despiertan a su conciencia luego de una vida con un sentido vacío, impuesto por los demás.

En este cuento es imposible no desear el beso final entre la pareja, y eso sucede porque estamos en frente de una pareja sagrada, algo muy profundo en nuestra alma que anhela la armonía y el orden. Por eso es que cuando hablamos desdeñosamente de los cuentos de hadas debemos tener cuidado, la cultura actual los ha denigrado por sus preferencias de inmediatez, pero bien leídos, los cuentos son el tesoro de nuestra humanidad.

Quiero agradecer a las mamás que abrieron su corazón a escuchar este cuento en nuestros encuentros sobre maternidad, que tanto me enseñan y nutren con su compañía, y ven cómo surgen manos nuevas cada día que pasamos maternando, quienes inspiraron este post.

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*Noción de Myriam Wigutov desarrollada en su libro La Rueda Púrpura

** Lectura bajo la guía de Gina Moya, terapeuta junguiana

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