POR: HOLANDA CASTRO

La primera tecnología conocida estuvo al servicio de una necesidad social: la agricultura, la cual sirvió a los primeros humanos para asentarse y llevar adelante la vida de manera diferente y cambiante. Nosotras somos herederas de esas primeras madres que decidieron quedarse en un lugar y conocerlo hasta convivir con él para alimentarse mutuamente. En este post te indico por qué.

Un proyecto y un emprendimiento siguen la tradición de la agricultura, y nuestros mecanismos de sabiduría siguen intactos al interior de cada una de nosotras aún al pasar de los siglos.

Para sembrar es necesario tener un suelo fértil y en condiciones, no puede tener hierbitas ni elementos fuera de lo que queremos sembrar. Por ello, antes que todo, es necesario “podar”. Es un gran trabajo, sí, poco glamoroso y elegante, pero indispensable. Se trata de deslindarse del pasado, de lo tóxico, entendiendo por ello, en esta clave metafórica, de esquemas pasados de moda y creencias de no abundancia presentes en nosotras y el equipo que nos acompaña.

En el cielo, los antiguos veían una oportunidad para diseñar sus ciclos en conjunción con la naturaleza, y notaban que sus cuerpos cambiaban acompasados a los ciclos de la tierra y los astros. Tenemos, entonces, a nuestra disposición un calendario muy hermoso: el ciclo lunar, que de hecho fue el primer calendario estructurado ‘científicamente’, y que hoy sigue siendo preciso y utilizado en algunas culturas no occidentales.

Así como veían el campo sucio, lleno de monte y desechos, luego vaciándose poco a poco, los antiguos veían la luna menguando, dejando el cielo del mes cada vez más vacío y puro, lo que sucedía finalmente en luna nueva.

Las mujeres experimentamos una sensación similar mientras tenemos el ciclo menstrual, y nuestro cuerpo, de la hinchazón y energía exuberante, pasa a reposo y desintoxicación en los días premenstruales, a veces podemos sentir deseos de aislarnos y encontrar el silencio, a veces el cuerpo evacua las toxinas por sí mismo o nos pide dietas ligeras y líquidas.

Ese momento de reflexión y silencio es necesario en todo proyecto, y es cíclico y proporcional a los tiempos. Hay ciclos de proyecto, en los cuales debe reinventarse de acuerdo con las condiciones de mercado o de infraestructura, anual o semestralmente. Hay ciclos mensuales de acuerdo con los flujos de caja y hay ciclos semanales, que podrían signar las relaciones de equipo.

Todo esto para decirte que tu emprendimiento puede ir de la mano de los ciclos naturales, podar para sembrar, cuidar y cosechar es ese primer gran paso y requiere infinita atención como las otras 4 fases de la cosecha.

Respira y mantén en conciencia:

  1. Conoce tus ciclos: como líder y mujer respetuosa de su cuerpo y procesos, obsérvate y anota en un cuaderno personal y sagrado tus momentos de productividad, fluctuaciones de energía física y concentración y tus momentos de silencio o locuacidad. Desconocer nuestros ciclos e irrespetarlos nos lleva al malhumor o al esfuerzo excesivo, con el consecuente malestar físico o emocional.
  2. Mira la luna todas las noches: agrégale fantasía a tu cotidianidad y conéctate con tu sabiduría ancestral. Practica tus balances, cierres, evaluaciones de proyecto y estrategia mensuales cuando la luna esté menguante (grupalmente), o cuando estés en tu período pre-menstrual (individualmente).
  3. Medita: hacer un reset es equivalente a podar y desintoxicar. Dado que los ciclos son multidimensionales, puedes meditar a diario antes de tu planificación diaria y hacer meditaciones mensuales con propósitos más extensos en tiempo de luna menguante o premenstruación. En mi hashtag #FeminidadConectada estaré dándote avances y anunciaré cuándo podemos meditar juntas.

 

 

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