HOLANDA CASTRO

 

Hace tiempo decidí que el camino de autoconocimiento y reconciliación era necesario, no solo para mi arquetipo de Sibila y Madre, sino también para el de Guerrera y Amante.

Sí, pocas veces podemos actuar desde lo “natural”, nuestras decisiones y pasos están insertos en una trama, cual suerte de programación de una Matrix, que nos guía frente al mundo, no tal como lo decidimos vivir, sino como ha sido aceptado.

La violencia y la autoflagelación es una de estas tramas. ¡Está tan naturalizada! Poco podemos hacer llevando leyes de igualdad al congreso, si en el fondo no sentimos condenadas por la menstruación y la crianza; poco podemos hacer por otras mujeres, si pensamos que ellas son culpables de ser atacadas o violentadas; poco podemos emprender y ganar dinero, si nuestra relación filial materna está atravesada por dolores que no decimos.

Cuando menos lo esperamos, salta una rana en este charco de la programación violenta. Cuando le permitimos cosas a nuestros hijos pero no a nuestras hijas, a veces porque “no es de niñas”, a veces para cuidarlas, con la mejor de las intenciones, estamos prolongando esa historia de ira y desigualdad.

Durante muchos años, la ira femenina ha sido vista como indeseable y síntoma “histérico” (hysteria es la palabra griega para útero, es decir, en la época moderna designa la patología desatada solo por el hecho de ser mujer) sin observar que desde niñas hemos reprimido deseos socialmente “inadaptados”. Esa ira debe sanarse y sacarse, y además, limpiarse el camino para nuevas generaciones saludables y plenas.

Para el sistema oriental médico, el útero es la fuente de creatividad y poder de toda mujer, su desarmonización produce conflictos visibles en la clínica. Cuando creas algo y lo nutres desde a alegría y la entrega (un proyecto, una obra, una relación) estás armonizando ese centro energético y se evidencian pocas enfermedades o síndromes.

Este encuentro de visiones debe dejarnos algo: ¿Observas tu útero y tu cuerpo como fuente de poder armónico (no dominante ni perpetrador) o como fuente de enfermedad, conflicto y desigualdad?

Al empezar este nuevo pacto con nosotras mismas y nuestros cuerpos, estaremos dejando menos espacio a la violencia contra la mujer. Así, poco a poco, conmemorar el 25 de noviembre será innecesario, como todos deseamos.

El fin de la violencia contra la mujer, parte también de ti.

 

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