Por: Holanda Castro

La primera clase de Mindfulness me enseñó a reconocer que vivimos en piloto automático. Meditar un poco cada día, agradeciendo las circunstancias y el avance que tenemos, sea cual sea, ver las cosas como son y como no pensamos que son, vienen a convertirse en los recursos que la práctica de la meditación otorga para escapar de esta automatización.

Cuando pretendemos dar lo que no tenemos, cumplimos un mandato para el que nos programaron, nos enseñaron a creernos insuficientes, y eso impide la empatía hacia el otro, pues ese vacío lo proyectamos al exterior.

De esta manera, vemos la crianza como un sacrificio, una lucha y peor, como un control de las condiciones y conductas de ese otro individuo que es nuestro hijo. Definitivamente, vivir así solo puede producir estrés y gritos.

La crianza mindfulness nos da herramientas para cambiar nuestro cerebro y forma de ver las cosas, de una manera automática a una manera presente, empática. Una de las más lindas y sencillas formas de lograrlo es haciendo tres respiraciones profundas y repitiéndote:

Esto, sin duda, te calmará, y es especialmente útil cuando queremos dejar de gritarle a nuestros hijos o someterlos a cualquier tipo de maltrato e injusticia [aplica para todo público y momento]

¿Quieres saber más? Acá te dejamos este video:

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