por Holanda Castro

Hay una característica particular en Mérida, la protagonista de “Valiente”, quien, como muchas de nosotras, es una “hija del padre”*. Mérida idolatra a su generoso y divertido padre, sigue sus pasos e incluso se masculiniza, lo cual da pie a su aventura de rebelión contra la tradición.

Al contrario de lo que podríamos creer, Elinor, su madre y antagonista, es quien propicia y protege el estado patriarcal de las cosas, a fin de que se cumplan las tradiciones y leyes del reino (del rey y los príncipes) de manera uniforme.

Como un orden en el que solo uno se beneficia de las prerrogativas del poder no puede sustentarse, la rebelión de Mérida surge para poner en equilibrio las cosas y re-crear la armonía. Orden y armonía, entonces, no son lo mismo.

Mérida, la hija, debe crecer y reconocer el valor de volver-a-tejer su nexo con lo femenino mientras, simultáneamente, Elinor, la madre, redescubre duramente su alma salvaje y sale del estricto papel cultural asignado (que pretendía perpetuar en su hija), para realmente poder dar un verdadero servicio a la comunidad, al salvarla del oso que acechaba al pueblo.

¿Cuántas veces has estado en el lugar de Mérida? Y ahora ¿cuántas veces has estado en el papel de Elinor? Redescubrir el propio lugar en el mundo y el nexo con lo materno son tareas ejemplares de la mujer plena.

Nos dice Clarissa Pinkola Estés**:

La diferencia entre vivir desde el alma y vivir sólo desde el ego radica en tres cosas: la habilidad de percibir y aprender nuevas maneras, la tenacidad de atravesar senderos turbulentos y la paciencia de aprender el amor profundo con el tiempo.

Elinor percibe y aprende de nuevas maneras al ser ella quien enfrenta el bosque y a un oso masculino (su propio alter ego, su masculino interno amenazante, violento y dominante). Atraviesa el turbulento camino de relacionarse con su hija desde la más profunda alteridad (yo animal, ella humana) y consigo misma (antes guardiana de la civilización, ahora animal execrado) y no le resta más que esperar y confiar en el amor profundo que deshaga el hechizo, o aceptarse en su nueva realidad.

A veces encerramos a la ‘persona‘ que debemos/queremos ser, corriendo el gran riesgo de matar relaciones y secar nuestra alma. Un día, la vida nos hace el favor, y nos regala un pastelito envenenado.

Moraleja: escuchemos la disonancia.

y el conflicto aparece como tu espejo. Dale la bienvenida o toma medidas previas, regando la matica de tu alma cada día.

¿Quieres ser bloguera invitada? Lee acá

*La identificación con lo masculino, término utilizado por la autora Maureen Murdock.

** Mujeres que corren con los lobos

Uso de cookies

¡Hola! Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haz clic en el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Mantente en contacto

Únete a nuestra newsletter para recibir contenido, ofertas, freebies y anuncios exclusivos.

Recibirás el correo quincenalmente, con un artículo y la agenda de la Academia, podrás desuscribirte en el momento que quieras.

¡Anímate! Tú también eres una Mujer Mandala.

Rellena el siguiente formulario para suscribirte.

mailing by Mailrelay

¡Lista! Ahora puedes recibir tu obsequio de Bienvenida

Powered byRapidology
Leer entrada anterior
Había una vez una doncella sin manos…

por Holanda Castro La doncella sin manos es un cuento extenso y apasionante. Narra las vicisitudes de una doncella que...

Cerrar